Entre
aromas dulces, notas achocolatadas y el murmullo de los visitantes, una
mujer de mirada serena y sonrisa cálida ofrecía una taza de café con la
firmeza de quien sabe que ese sorbo guarda años de lucha y esperanza.
Era
Blanca Nubia Garzón, representante legal de la Asociación de Mujeres
Campesinas y Caficultoras La Nueva Semilla, del corregimiento de
Peralonso, Santuario, quien hoy escribe su propia página en la historia
de la caficultura risaraldense.
“Para mí, estar aquí lo significa todo”, dice mientras acomoda cuidadosamente una bolsa con su marca. “Las
mujeres no habíamos estado inmersas en la caficultura, y hoy pasamos de
las labores del patio a tener empresas propias. Ha sido una lucha
enorme, pero también un motivo inmenso de orgullo”.
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